
Estudiar es, fundamentalmente, tratar de comprender algo de forma sistemática. No basta entender sólo algunas cosas de las que estudias; lo que hay que hacer es comprender todo lo que estudias o intentar comprenderlo siempre. El estudio no es simplemente adquirir información o conocer cosas; tampoco puede reducirse a hacer exclusivamente lo que señala el profesor. Estudiar es aplicar las facultades mentales para adquirir, comprender y organizar el conocimiento. Suena sencillo, pero no lo es tanto. El estudio cuesta porque es una especie de trabajo, y todo trabajo exige una esfuerzo un estudio sin esfuerzo ni es trabajo ni es estudio, será quizá, un simple pasatiempo. Pero para probar que una actividad es un trabajo no basta con decir que requiere de esfuerzo; también hay que tomar en cuenta que en el trabajo no se hace siempre lo que uno quiere, se desarrolla de acuerdo con un plan y un horario que uno mismo acepta y se impone. Si el estudio exige esfuerzo y hacer algo que en muchos momentos no se antoja, ¿cómo se explica entonces que muchos estudiantes estudien por voluntad propia incluso cuando no tienen exámenes? La respuesta es simple: porque tienen motivos para hacerlo.
Para estudiar existen también motivos, y lo más recomendable es encontrarlos en nuestra misión en el mundo. Digamos que para estudiar puedes tener los siguientes motivos: - Para ser más útil a los demás. - Para educarte mejor. - Para encontrar respuesta a todas esas cosas que despiertan tu curiosidad. - Para prepararte para una profesión que te gusta y que pretendes desarrollar en el futuro.

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